Las carreras populares en la época de Cuéntame

Fuente: Facebook de la Behobia de San Sebastián

Por Carmen González Bascarán

Echemos la vista atrás y remontémonos a los años 70 y 80. Imagen en sepia de corredores con camisetas de algodón y ‘playeras’ no demasiado adecuadas para ese deporte. Ese momento en el que el running no era running, sino footing, jogging o correr, a secas. Las décadas de las inscripciones en papel con tachones y mala letra; o cuando reunir a 100 corredores en una carrera popular suponía que había sido todo un éxito.

Y es que ahora han cambiado bastante las cosas en el atletismo popular con los avances tecnológicos; incluyendo también la forma de organizar una carrera popular. Como nos cuenta Paco Cisneros, uno de los organizadores de la Carrera de la Ciencia desde la primera edición oficial de la prueba en 1979, “nosotros cuando vimos la tecnología la alegría fue increíble”. Pero veamos si la organización de las carreras populares es ahora más fácil que antes.

¿Cómo se cronometraba?

Sin ir más lejos, cronometrar ya no es lo que era. Este sistema tan sofisticado de chips con el que contamos a día de hoy, en los años 70 y 80 era totalmente impensable. En palabras de Cisneros, cronometrar era “un panorama tremendo”, porque había que inventarse un sistema de organización para que, cuando entrasen muchos corredores juntos en meta, pudiesen tomarse los tiempos sin problema. Y, por supuesto, se hacía de forma manual.

La Behobia de San Sebastián es una carrera que data de 1919 pero que hasta 1963 no se celebró de forma continuada. En sus primeros años, se dividía a los corredores en un total de 10 pasillos separados con cintas y vallas, formando una especie de embudo. Así, un grupo de voluntarios anotaba los rangos de tiempos y contaba cuántos corredores habían llegado en ese plazo, además de los números de dorsales de cada corredor para luego tenerlo en cuenta en las clasificaciones. Y sí, era tan complicado y engorroso como suena.

Por eso muchas veces había errores que acababan viéndose con humor y convirtiéndose en anécdotas con el paso del tiempo pero que en su momento eran “todo un drama”. Así nos lo cuenta Enrique Cifuentes, director del Club Fortuna, organizador de la Behobia, que recuerda momentos de papeles traspapelados o tiempos mal tomados que aumentaban el estrés de los organizadores.

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Sistemas y precio de inscripción

Otro dilema también eran las propias inscripciones, ya que cada corredor debía acudir a las tiendas de deportes o al pabellón de los clubes deportivos que colaboraban en la organización de la carrera para cubrir manualmente su inscripción. Las diferentes caligrafías, la mala calidad de los documentos pasados por fax y los distintos nombres y apellidos convertían la transcripción de los inscritos en una sobrecarga neuronal para los organizadores. ¿La consecuencia? Nombres mal escritos que provocaban que, cuando el corredor iba a buscar su diploma o preguntar por su clasificación después de la carrera, no era posible encontrarlo en el sistema.

En cuanto al precio, la Carrera de la Ciencia era gratuita en sus primeras ediciones. Ocurre lo mismo con la Media Maratón de Moratalaz, que desde 1977 ya suma 40 ediciones celebradas y no se cobró nada por participar hasta la década de los 90 cuando se empezó a cobrar un precio simbólico de 100 pesetas (que teniendo en cuenta la inflación serían 1,70€ actuales), hasta llegar a los 5€ de hoy, según nos cuenta Rafael Pajarón, presidente de la Asociación Atlética de Moratalaz, club organizador de la prueba.

En el caso de la Behobia, la inscripción fue aumentando progresivamente el precio desde las 700 pesetas en 1989 (que hoy en día, con la inflación, se correspondería con unos 12€ aproximadamente) hasta los 45€ en 2017 porque, según Enrique Cifuentes, “a la Behobia hay que darle lo que pide” y no recortar en gastos para poder hacer la mejor carrera posible. Podemos compararlo también con la Maratón de Barcelona, cuyo precio de inscripción, según afirma el atleta Miquel Pucurull en el documento Historial del Maratón de Barcelona, osciló desde las 300 pesetas de 1980 hasta las 5.000 que se podían llegar a pagar en 1996, un equivalente de casi 18€ y más de 50€ respectivamente teniendo en cuenta la inflación.  Hoy, el precio de la inscripción para esta prueba catalana oscila entre los 60€ y los 84€.

Una de las primeras ediciones del Maratón de Madrid. Fuente: Facebook del EDP Rock 'n' Roll Madrid Maratón & 1/2
Una de las primeras ediciones del Maratón de Madrid. Fuente: Facebook del EDP Rock ‘n’ Roll Madrid Maratón & 1/2

Dar a conocer la carrera y las clasificaciones

Colocar carteles y repartir panfletos sobre la carrera era una buena forma de publicitarse y dar a conocer la prueba. Pero la mejor forma de márketing en la década de los 70 y 80 para las pruebas deportivas era el “boca a boca”. Una forma original y diferente de atraer más runners fue el método que utilizaban los organizadores de la Media Maratón de Moratalaz: “Los primeros años salíamos con un coche y unos altavoces puestos por todo el barrio diciendo que el segundo fin de semana de noviembre se celebraría la carrera”, nos cuenta Rafael Pajarón.

En cuanto a las clasificaciones, a veces se llegaban a publicar en los periódicos o incluso se les daba a los corredores por teléfono o el mismo día de la carrera, según afirma Paco Cisneros. Por su parte, lo que hacían en Moratalaz según Rafael Pajarón era pasar las clasificaciones a máquina de escribir y colgar varias copias en el tablón del polideportivo para que los corredores se acercasen a ver en qué puesto habían quedado.

Suma y sigue: cada vez más corredores

El running no siempre ha estado de moda y por eso cuando empezaron a aparecer estas carreras populares no se esperaba demasiada participación. “Mi hijo y yo, que éramos los que lo organizábamos, siempre decíamos ‘oye, ¿cuándo tendremos 1.000?’ Nos parecía algo increíble”, nos comenta Paco Cisneros. Por su parte, Pajarón nos cuenta que en la primera edición esperaban tener unos 100 corredores y, sin embargo, se vieron con más de 600 esperando en la línea de salida. Y las cifras no dejaron de subir a pesar del aumento de competencia con la progresiva aparición de carreras populares.

En lo referente a las mujeres, siempre han tenido un hueco en estas carreras desde las primeras ediciones. “En eso nos sentimos muy orgullosos”, nos comenta Cisneros. Eso sí, como ahora, las mujeres tenían una clasificación diferenciada de la categoría masculina.

Junto con el número de participantes, también fue aumentando la cantidad de avituallamientos en los recorridos. De hecho, en la Media de Moratalaz eran los propios vecinos los que les empezaron a dar agua a los corredores. Y del grifo, nada de botellas individuales. Dar isotónicos, fruta o algo de comida, no llegó hasta mucho después, cuando el presupuesto ya lo permitía.

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Bolsa para el corredor y premios

Antes, las bolsas para corredores eran bastante más modestas que ahora porque “las cosas no daban para más”, como nos dice Cisneros. De hecho, a los corredores de la Behobia no se les daba una bolsa propiamente dicha sino más bien una “carpetilla” que se entregaba en las tiendas deportivas en el momento de hacer la inscripción, aunque solía haber problemas porque “siempre se perdía alguna por el camino”, según Enrique Cifuentes.

No siempre se han dado camisetas a los corredores, y mucho menos camisetas técnicas como las de ahora: antes eran de algodón porque “no se conocía la fibra esta que hay ahora”, bromea Paco Cisneros.

Pero no por ello los corredores se iban con las manos vacías. En las primeras ediciones de la Carrera de la Ciencia se entregaron libros de la colección del CSIC a los 100 primeros corredores en cruzar la línea de meta y también se entregaban trofeos o premios que les cedían las tiendas de deporte.

En el caso de la Media de Moratalaz, los participantes que llegasen al final del recorrido se llevaban a casa un diploma personal con su nombre, su tiempo y su clasificación; y a los que corrían la Media Maratón 3, 5 o 7 veces, se les entregaba una estatuilla de la mascota del Club en bronce, plata y oro a modo de trofeo.

La Media Maratón de Moratalaz, en sus inicios. Fuente: Facebook de A. A. Moratalaz
La Media Maratón de Moratalaz, en sus inicios. Fuente: Facebook de A. A. Moratalaz

Servicios sanitarios y patrocinadores

Antes, tanto los patrocinadores como los servicios sanitarios eran más bien personales. Amigos médicos, colegas enfermeros o asociaciones conocidas se traían sus botiquines y se prestaban a colaborar en la carrera. Eso sí, con “cuatro cosas” en un puesto en meta para solucionar cualquier tema de lesiones o rozaduras leves, según Pajarón.

Los patrocinadores eran más de lo mismo. Ese colega que tiene un taller, o el hijo de mi amigo que tiene una tienda de ropa eran los encargados de patrocinar las pruebas en sus primeras ediciones. Nada comparado con el gran despliegue actual de las grandes pruebas deportivas que cuentan con marcas sobradamente conocidas.

Dichosos permisos

Hoy en día, los permisos traen de cabeza a muchos organizadores de carreras populares. Pero, echando la vista a atrás, hay diferentes opiniones sobre si era más fácil antes. Rafael Pajarón dice sin titubeos que “era muchísimo más fácil que ahora” porque hoy en día hay que pedir permisos a diferentes organismos cuando antes bastaba con hablar con la Junta Municipal del Distrito. La parte neutra es el organizador de la Carrera de la Ciencia, que nos dice que realmente no hay grandes diferencias; y en el otro extremo está la carrera vasca. “A la Behobia le ha costado bastante abrirse paso”, nos comenta Enrique Cifuentes, porque según dice a las autoridades les costó ver que la carrera era un fenómeno importante para la ciudad de San Sebastián.

Al final, los tres organizadores coinciden y afirman que ahora es más difícil de organizar una carrera popular en comparación con años anteriores; y todo a pesar de las facilidades de las tecnologías. Parece que el aumento de competencia, el número de corredores, los problemas con los permisos y el afán de mejorar son aspectos que generan más quebraderos de cabeza a los organizadores que hace 40 años.

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