Leyendas de Aranda de Duero

Hablamos ahora de una parte muy importante de un destino, las leyendas creadas a lo largo de su historia. Esas que se transmiten de generación en generación y que escuchamos de boca de los más ancianos del lugar. Viajamos a Aranda de Duero a través de sus leyendas…

Ambas tienen mucho que ver con la patrona de Aranda, la Virgen de las Viñas. Cuenta la tradición que su advocación es anterior a la invasión musulmana, y que cuando estos amenazaban con ocupar las tierras de Aranda del Duero, sus vecinos escondieron la imagen de la Virgen en una zona próxima al Duero, pero con el paso del tiempo, y posiblemente el fallecimiento de aquellos que inicialmente la escondieron, su paradero se perdió.

Fue mucho tiempo después de la Reconquista, cuando un labrador recibió la visita de la Virgen que le indicó donde estaba escondida su talla. Pero los vecinos no le hicieron caso. Entonces la Virgen de las Viñas le entregó un racimo de uvas cuando aún no era temporada y le indicó que allí donde estaba su refugio se debería construir una ermita en su honor. Y así se hizo con la Patrona de Aranda.

aranda1

La otra leyenda o tradición también tiene que ver con la labor de la Virgen aunque de una forma mucho más directa en el bienestar del pueblo… Se trata de la aparición del famoso “mediquín”.

A finales del siglo XVIII, la peste afectaba a diversos lugares de España, y en Aranda la plaga iba causando numerosas víctimas sin que se pudiese evitar. En la población vivía un sacerdote muy devoto de la Virgen de las Viñas que intentaba aliviar a los enfermos y que pedía a Dios que le diese a él todo tipo de desgracias, pero que salvase al pueblo. Poco tiempo después de sus últimas plegarias llegó al pueblo un joven, casi un niño, que pidió acogerse en la ermita donde el sacerdote rezaba.

Ambos hablaron, y el joven le dijo que era médico y que conocía las medicinas que debían darse a los enfermos para que sanasen. Cuando llegaba el joven a una casa, los enfermos de la misma sanaban. Comenzó a llamarse al “mediquín”, como se le apodó, para que acudiese a todo los lugares con apestados y así lo hizo, logrando erradicar la epidemia de Aranda.

Cuando los vecinos fueron a buscarle para darle las gracias y festejarle, el “mediquín” había desaparecido. El sacerdote, que había sido el último en verle, habló de un milagro de la Virgen de las Viñas, y los vecinos entendieron que se trataba de un ángel enviado por ella gracias a las oraciones realizadas en la ermita. Desde entonces en este templo se puede contemplar, junto a la Virgen, la talla de un muchacho ataviado con una ropa del mismo color que el manto de la Virgen.