El arriesgado viaje de Pedro Sánchez a Cuba

Los actores se multiplican y el proceso de apertura de Cuba entra en el foco del sistema multilateral. Todos quieren comerse una parte del pastel caribeño que ha puesto Raúl Castro encima de la mesa aunque se vaya a servir en porciones pequeñas.

“Cuba se está abriendo y se va a abrir aún más, pero es un proceso de reformas muy lento y muy dirigido desde el aparato del Estado”, apunta Rogelio Núñez, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Alcalá.

España parte con muchas ventajas, gracias a su presencia actual en la isla y sus lazos históricos y culturales con el país. Se ve beneficiada especialmente por su posición estratégica y vínculos económicos en Latinoamérica, algo que las empresas nacionales podrán utilizar para sacar tajada.

Pero España no está sola en este desembarco y aunque no tendrá como rival al gigante estadounidense, dadas las actuales relaciones entre Washington y La Habana, sí tiene frente a frente a otras potencias como China o Rusia en lo que Núñez define como la próxima “batalla geoestratégica”.

El sistema internacional tiene en la actualidad dos posturas frente al régimen de los Castro, una que plantea el aislacionismo y otra que apuesta por una mayor cercanía al régimen para ganar capacidad de influencia sobre el mismo. “El Gobierno de Pedro Sánchez se inclina por esa última, no para legitimarlo sino para poder influir sobre él”, explica Núñez.

Por eso el presidente del Ejecutivo llega este jueves a La Habana en una visita de apenas 24 horas, en la que no se reunirá con ningún disidente aunque sí con otros sectores de la sociedad civil independientes del régimen. Es la primera visita de un presidente español a Cuba en 32 años, así que puede convertirse en un campo minado.

Se medirá cada gesto de Sánchez y de los 24 empresarios y representantes que le acompañan, como directivos de Telefónica y Aena o el nuevo presidente de la CEOE. Además, la visita se produce en un momento interno delicado, con la reforma constitucional que el gobierno cubano pretende someter a referéndum el próximo año y sobre la que el presidente español tratará de pasar de puntillas. Es una reforma tímida, con tintes de apertura, pero criticada por diversas organizaciones en lo referente a derechos humanos y libertades.

Aunque las relaciones históricas de España y Cuba han sido inconstantes y dependientes de la política europea los vínculos están ahí. El Gobierno de Mariano Rajoy no llegó a visitar la isla, pero le condonó una deuda de millones de euros y abrió la puerta al acceso al crédito. Las empresas españolas acaparan un porcentaje mayoritario del sector turístico, pero la mala situación de la economía del país les pasa factura, a lo que tampoco ayuda el perenne embargo de Estados Unidos.

Por eso Pedro Sánchez busca erigir a España como principal interlocutor en las relaciones Cuba-Unión Europea. La idea es recuperar el tiempo perdido y evitar que otros dirigentes europeos que también han visitado la isla en los últimos años le saquen partida en un terreno donde Madrid considera que debería llevar ventaja.