Despidos y pérdidas de contratos, el castigo a la aceituna “made in Spain”

La aceituna española, reconocida y famosa en el mundo entero, podría tener las horas contadas en EEUU. Donald Trump impone un segundo arancel de un 22% a las exportaciones de la aceituna negra, después de 35 años de liderazgo y con una cuota de mercado en el país del 80%. Todo viene por la denuncia de dos empresas californianas que señalan que las subvenciones europeas hacen a España más competitiva.

Las empresas llevan pagando este arancel un mes y ya notan los efectos. Gabriel Redondo, presidente de la cooperativa Agrosevilla y principal exportador, explica a Capital Radio que la situación es angustiosa, un desastre, reconoce el empresario tras subir un 40% el precio final a los clientes.

“Es una situación insostenible, angustiosa, un desastre” la que nos plantea el empresario que ve como “día tras día” pierde contratos con empresas de alimentación americanas principalmente pizzerías. Agrosevilla ha perdido en un mes más de un 5% de la producción destinada a EEUU cuando el 25% de su producción total se destina a ese país. Esto podría llevar a despedir a 60 personas de 425 en plantilla en año para equilibrar los números.

Estos castigos comerciales ponen en peligro 2.000 millones de ventas en el sector, el futuro de unas 300 empresas, 8.000 trabajadores y ser sustituidos por Turquía o Marruecos.

Estados Unidos es el principal país exportador con 32 millones de toneladas vendidas en 2016. Si se pierde este mercado, “estaríamos ante una situación que no se puede mantener”, explica Antonio de Mora, secretario general de Asemesa.

La cooperativa Agrosevilla cree que si la situación empeora, las exportaciones de otros productos como el aceite y el vino, podrían estar en peligro.

Los aranceles, que ya se cobran desde hace un mes, se aplicaría por cinco años, extensibles a otros cinco, si en julio de este año se establecen como definitivos. “Difícilmente lo podríamos soportar”, nos cuentan otras empresas que prefieren mantener el anonimato.

Con esta medida, España dejaría de ingresar al año 2.000 millones de euros, un varapalo para un sector que ya baraja otros mercados más complicados a la hora de exportar como Rusia o Italia y capear una tormenta perfecta que ronda al sector de la agricultura. En definitiva, el miedo es decir adiós al sueño americano.